Podemos suponer que un ataque se dirigiría contra objetivos bien seleccionados, en el siguiente orden de importancia:
- Aeropuertos y puertos utilizables por las fuerzas aéreas y la marina de la OTAN dotados de armas nucleares. Es evidente que el primer blanco de un ataque nuclear es la fuerza nuclear enemiga y sus instalaciones de apoyo y despliegue.
- Instalaciones de mantenimiento y fabricación de repuestos.
- Estaciones de radar, especialmente los radares de descubierta de largo alcance.
- Polígonos e instalaciones de carácter aeroespacial.
- Acuartelamientos militares de relevancia y depósitos de municiones.
- Nudos de comunicaciones.
- Centrales de producción de energía eléctrica.
- Áreas industriales.
- Ciudades relevantes.
- En caso de un conflicto total, este orden podría variar.
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